Pero combinación jamás: En finales y enamorada.

No puedo decir que es del todo malo, llevo 4 largos y gloriosos días completamente feliz.

Precisamente ese es el problema, debería de estar estudiando, viendo cómo demonios pasar esta materia, y es que la ingeniería nunca fue fácil, pero estar enamorada me quita una gran parte de mi tiempo y sobre todo mi concentración. Quizá no debería pensar así, pero prefiero mil veces estar con alguien que me llene y tener satisfecha esa parte de mi vida -que no he tenido plena desde hace tanto tiempo- que tener un 100 en las materias.

El hallazgo más importante de todo esto es que creía que -ese- otro chico del cual estaba loca e irrefutablemente enamorada (un amor no correspondido cabe mencionar), jamás se me iba a salir del corazón, bueno, del cerebro, porque ya saben que es él el que libera todos esos químicos que me hacen andar como tarada por alguien que no me valora. Pero conocí a éste otro chico hace poco más de 6 meses, que hasta hace un par de semanas él creía que yo seguía con mi ex-novio, que gracias a Dios decidió preguntármelo. Apenas lo empiezo a conocer, pero ahora sé con certeza que si hay personas tan “completas” y que encima de todo… me corresponde.

Las indirectas se volvieron cada vez más directas, de repente hacia unas caras como de pirata, pero claramente eran de ganas abstenidas de estar conmigo (o al menos, las mujeres locas como yo así lo interpretamos), yo regresaba cada vez más feliz de cuando iba a requerir algún trabajo suyo, la sonrisa no se me quitaba de la cara por horas. Incluso un día “peleamos” por 2 horas, me puso su voz seria, y es que él tiene una de esas voces que pueden hacerte derretir con una sola sílaba o provocarte el llanto en menos de dos frases. Realmente sus intenciones no eran malas, sólo quería que me diera cuenta que ningún problema era demasiado grande como para sacrificar mi sonrisa, pero pues él no me conoce y me sentí atacada por un extraño -que tenía razón-. Pero no pasó a más, un par de horas transcurrieron y volví con él, hablé un poco más tranquila y le pedí que jamás me hablara en ese tono por el amor de Dios, porque me llegaba demasiado.

Y los días transcurrieron, hasta que tomé sus indirectas y las volví realidad: lo invité a salir. Aunque en realidad no salimos a ningún lado… lo invité a mi casa. Quizá era un poco fuerte para una primera cita, pero por alguna extraña razón confío mucho en él y pues él no tenía dinero y yo tampoco (ja!). Un par de cervezas, unas papas a la francesas y su increíble compañía fueron suficiente para que lo único que nos hiciera falta fuera más noche.

Me gustaría poder elegir mi momento predilecto de la noche, pero es prácticamente imposible: los nervios que me mataban por dentro antes de que llegara, porque no eran mariposas, eran como elefantes asustados en estampida,  escuchaba un coche llegar, veía una luz pasar y mi corazón se saltaba un latido, me cambiaba el cabello de lugar, me cambié de blusa tres veces y obviamente limpié la casa como si fuese a venir la reina de Inglaterra; cuando estaba poniendo música y le pregunté que qué quería escuchar y su respuesta fue: “a ti”, qué respuesta tan más perfecta; cuando me besó en la frente; o cuando viví mi momento cliché estilo película romántica: puse la canción de M83, “Wait” él iba bajando las escaleras, se acercó un poco, yo me acerqué un poco más, nuestros labios se quedaron a unos 7 milímetros de distancia, sentía su respiración, el calor de su piel, mis brazos rodearon su cuello, los suyos mi cintura y justo cuando la canción entró en el climax, me besó.